De todos los monumentos y lugares hermosos que posee la capital de Italia, tal vez los más carismáticos sean sus fuentes. Y es que, desde la época de la Roma antigua y sus magníficas termas, la ciudad posee un fuerte vínculo con el agua. Las fuentes que adornan sus calles y plazas confieren a la ciudad eterna un ambiente elegante y romántico difícil de encontrar en otras partes del mundo.
Si pasas unos días alojado en alguno de los hoteles o apartamentos Roma disfrutarás de fabulosos paseos por la ciudad yiendo de fuente en fuente. Un buen lugar para empezar podría ser la Fontana del Tritone, ubicada en la Piazza Barberini, de estilo barroco; cuatro delfines sostienen una enorme concha donde el dios marino aparece sentado lanzando un gran chorro de agua. En la misma plaza encontramos también la Fontana delle Api, la fuente de las abejas.
De abejas a tortugas. En la Piazza Mattei hallamos la Fontana delle Tartarughe, diseñada por Tadeo Landini en 1585, un encargo del duque de Mattei que le salvó de la ruina. Es sin embargo a Bernini a quien esta fuente debe toda su popularidad ya que fue él quien añadió las cuatro grandes tortugas que todo el mundo fotografía.
Pero sin duda la fuente más concida y emblemática de Roma es la Fontana di Trevi, obra de Nicolò Salvi e inmortalizada en la famosa película de Federico Fellini La Dolce Vita en 1959. Esta bella fuente combina armoniosamente elementos barrocos y renacentistas. Aperece representado el carro de Neptuno tirado por dos tritones que luchan con dos caballos de mar. Su nombre (Trevi) hace referencia a los tres caminos (trè vie) que antiguamente convergían aquí.
La tradición manda que hay que lanzar una moneda a la fuente, siempre de espaldas, para asegurarse el regreso a Roma y una segunda moneda para encontrar el amor en la ciudad. Por eso es este uno de los puntos más famosos de Roma, aunque por desgracia también uno de los preferidos por los carteristas.




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